Una corte de rosas y espinas – Sarah J. Maas
Lentamente, como dándome tiempo para
alejarme, rozó sus labios contra mi mejilla. Tierno, cálido y desoladoramente
gentil. Me obsequió poco menos que una caricia antes de regresar a su habitual
rigidez. Hubiera permanecido inmóvil desde el momento en el que su boca erizó
mi piel. “Algún día... algún día podré responder a todas tus preguntas”, dijo,
soltándome la mano y alejándose de mí. “Pero no podré hacerlo hasta llegado el
momento correcto. Hasta que estemos a salvo.” En la oscuridad, el tono de su
voz indicaba que sus ojos rebosaban de amargura. Cuando se fue, exhalé una
bocanada, y recién ahí descubrí que había estado aguantando la respiración.
Tras su partida descubrí que deseaba con todo mi ser su calidez, su cercanía.
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